Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
La fuerza y la supervivencia de nuestra especie ha podido ocurrir gracias a nuestra capacidad de agruparnos, cooperar y establecer alianzas. En este sentido, un grupo no se trata solamente de la suma de aquellas individualidades que lo componen, sino que funciona como un organismo diferente y parece seguir sus propias reglas.
Existe muchos ejemplos que demuestran esto, siendo el más sencillo de entender el que una persona realice ciertas conductas bajo el efecto del grupo que no realizaría estando solo. Estas acciones pueden ir en dos direcciones, ser positivas para el individuo y la sociedad o todo lo contrario.
El efecto de las comunidades y los grupos sobre la salud mental ha sido objeto de estudio de la Psicología prácticamente desde sus inicios. Los efectos positivos de la terapia grupal están más que documentados en diferentes áreas, donde se inserta el tratamiento de las adicciones.
A diferencia de otras enfermedades mentales, donde el grupo puede funcionar como un mero complemento, en el tratamiento de las adicciones es su unidad fundamental. Está documentado que la terapia individual no resulta tan efectiva como la terapia grupal.
Ello se debe a una de las particularidades de esta enfermedad que consiste en el “secuestro de la voluntad”. El individuo quiere parar, pero a pesar de sus mejores esfuerzos, suele terminar fracasando. Cualquier repaso por la historia de tratamientos efectivos de las adicciones, nos llevará a modelos grupales de ayuda mutua, como lo fue el caso de las que iniciaron los nativos americanos en los siglos XVII y XIX.
