Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
La existencia de la personalidad adictiva es un tema controvertido y de gran actualidad. Tiene seguidores y detractores. Una búsqueda en Google Académico usando el término “addictive personality” generó más de 6000 resultados.
La personalidad no es más que un conjunto dinámico de conductas, actitudes, pensamientos, sentimientos y rasgos que se mantienen estables en el tiempo. Los mismos se configuran a partir de nuestra predisposición genética en interacción con determinados factores ambientales.
El estudio de la personalidad es muy valioso para establecer un perfil de psicológico, de formas de afrontamiento y conductas de cualquier persona. Sobra decir que estas predicciones no tienen una precisión milimétrica, pero suelen acertar en lo fundamental.
Al trabajar en el área de la recuperación de adicciones, uno escucha con frecuencias frases como “como buen adicto, pensé que…”, “el primer pensamiento de un adicto…”, “cualquier adicto en esa situación…” o “mi historia es muy parecida a la tuya”. Los esquemas de terapia de grupo que se siguen para la recuperación de adicciones favorecen la identificación, la conexión desde la vulnerabilidad y el establecimiento de pautas y rasgos comunes que muchos adictos comparten.
Dentro de estos rasgos comunes podemos hacer referencia a una elevada impulsividad y compulsión. También las obsesiones o los pensamientos similares a las obsesiones son otro. A ello habría que sumar la presencia de estilos inseguros de apego o baja tolerancia a las frustración. Por último, las dificultades en el control de los impulsos, que contribuyen a la toma de decisiones que favorecen la obtención de la recompensa a corto plazo, a pesar de las consecuencias negativas a largo plazo.
A ello habría que sumar las historias, los traumas, los engaños y los fondos que se tocan. Pues sí, existen tantas similitudes que no son pocos los clínicos, académicos e investigadores que piensan que podría existir un tipo de personalidad adictiva.
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Este tipo de personalidad permitiría clasificar a personas extremadamente vulnerables a padecer una adicción y podría contribuir a mejorar la detección temprana del problema y, por tanto, su prevención. Pero como no todo lo que brilla es oro, os propongo analizar algunas luces y sombras que sostienen la polémica.
Razones para pensar que puede existir una personalidad adictiva
Recordemos que al desarrollo de nuestro estilo de personalidad contribuyen la interacción entre factores genéticos y ambientales. No obstante, no está determinado en su totalidad por ninguno de ellos. De ser así, estaríamos condenados desde la cuna o por el entorno social donde nos toque criarnos y crecer.
La primera razón, por tanto, es que esta vulnerabilidad al desarrollo de una adicción no puede ser completamente explicada por el entorno social de desarrollo de las personas. Crecer en un barrio donde el tráfico de droga sea un medio de vida o donde las tasas de alcoholismo o drogadicción sean elevadas, no implica una condena a desarrollar una adicción. Aunque sí incrementa mucho la probabilidad.
La segunda razón es que tampoco puede ser completamente explicado por la predisposición genética, como sí están determinadas otras características físicas o problemas de salud. Por ejemplo, yo soy calvo y esta predisposición genética se iba a manifestar con independencia del entorno donde me criase. Es decir, estaba “destinado” a ser calvo. Cosa que no ocurre con todo el que tiene una predisposición genética a desarrollar una adicción.
El tercer elemento está dado por el tipo de relación compulsiva que establece se establece con el consumo varias sustancias y/o comportamientos. Por ejemplo, el combo de alcohol, cocaína y sexo suele ser bastante frecuente.
Por último, suele ocurrir que, al abstenerse del consumo de su sustancia o comportamiento de elección, el adicto se enganche con facilidad a otro. El post que escribí sobre las adicciones por reemplazo explica bien este punto.
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Esta forma de pensar se sustenta en la suposición implícita de que debe existir un patrón de personalidad que predispone a que ciertos individuos desarrollen una adicción. Incluso se han validado escalas que afirman que pueden medirlo.
Cuando escucho cientos de historias debido a mi trabajo y veo sus semejanzas, tengo que reconocer que esta suposición cobra bastante sentido. Sin embargo, no es condición suficiente para avalar que exista una personalidad adictiva.
¿El huevo o la gallina?
Aunque la ciencia ha establecido que primero estuvo el huevo, la pregunta continúa siendo interesante si se emplean otros niveles de lectura. Si la llevamos al tema que nos ocupa podría quedar de la siguiente manera. ¿Qué fue primero, la adicción o la personalidad adictiva?
¿Cómo saber si una personalidad es adictiva antes de que se desarrolle una adicción? ¿Por los rasgos o características comunes enumeradas al inicio de este post? Muchos de ellos están también presentes en personas que no desarrollan una adicción ni tampoco muestran un patrón de consumo que pueda clasificarse como problemático. Estas características o rasgos también son fuente de otros problemas o están presentes en otras enfermedades mentales.
Muchos investigadores afirman que la “personalidad adictiva” es el resultado, y no la causa, del desarrollo de la enfermedad de la adicción. Dicen una frase que contiene mucha sabiduría que el hombre que entra a una tormenta no es el mismo que sale de ella. El paso por el infierno de la adicción cambia a las personas y muchas conductas y rasgos pueden emerger y consolidarse en este largo y penoso camino.
Para algunos investigadores se confunde personalidad con conducta y se ha llegado a afirmar que la personalidad el adicto es la conducta del adicto. Al llegar a este punto emerge otra arista que no deja de ser interesante. ¡Este tipo de personalidad debería ser constatable en TODOS los adictos y en TODAS las adicciones!
Por tanto, el concepto de personalidad adictiva debería también aplicarse a los adictos al café y al tabaco. ¿Acaso no está documentado el potencial adictivo de estas últimas sustancias? Si seguimos sumando personas y tipos de consumo, quedarán pocos para clasificar en otros tipos de personalidad.
Un último problema que se atisba en el concepto de personalidad adictiva es el determinismo. Si una persona está condenada a desarrollar una adicción por causa de su tipo de personalidad: ¿Qué espacio queda para la responsabilidad personal?
Los trastornos de personalidad como diagnóstico dual
Son numerosos los estudios que han analizado la relación entre los distintos tipos de adicciones y la personalidad. Algunos otorgan a los llamados trastornos del Clúster B (antisocial, narcisista, histriónico y límite) una mayor probabilidad de desarrollar trastornos por dependencia de sustancias.
Luego están las distinciones que se establecen con algunos tipos de personalidad que son más propensos a las sustancias legales como el alcohol y los medicamentos de prescripción médica y otros que prefieren las sustancias ilegales. Algo parecido pasa con las adicciones comportamentales, donde se pueden observar gran cantidad de personas de los Clúster A (raros y excéntricos) y C (ansiosos y temerosos).
La existencia de una personalidad adictiva como factor preexistente complica este panorama. Si asumimos que todos los adictos la tienen de base (es decir, antes que se manifieste la adicción), cómo podemos explicar los numerosos diagnósticos duales que se establecen con los trastornos de la personalidad de Clústers tan diferentes como el B y el C, como veremos más adelante.
¿Puede agrupar el concepto de personalidad adictiva estilos tan diferentes de personalidad como el antisocial y el evitativo? ¿Dónde encontramos el factor común que nos permita ver esta personalidad adictiva antes de que se manifieste?
Cualquiera que sepa un poco de fútbol y analice un partido del que ya se sabe el resultado, podrá superar la estrategia del entrenador que fue derrotado. Sabrá lo que hizo mal y podrá sugerir alternativas que podrían salir mejor. Tampoco podremos saber si esas propuestas garantizarían la victoria del equipo derrotado, porque no se pueden poner en práctica en ese partido que ya ha finalizado.
La diferencia entre esas personas y el entrenador es que este último debe diseñar su estrategia antes del encuentro. Al entrenador se le exige la capacidad de anticiparse y la de hacer los cambios necesarios sobre la marcha, que garanticen el resultado esperado.
Diagnosticar una personalidad adictiva en alguien con un trastorno antisocial de la personalidad (Clúster B) y también en otro con un trastorno evitativo (Clúster C) resulta relativamente sencillo una vez que la adicción se ha manifestado. Sin embargo, poder realizar la misma predicción en dos personas con trastornos de la personalidad tan diferentes, antes de manifestarse la adicción, es una tarea realmente compleja.
Con este post no pretendo posicionarme, sino ver el problema con perspectiva. Lo que sí creo, es que para que el concepto sea realmente útil debe servirnos para identificar el problema antes de que ocurra y poder prevenirlo. En definitiva, queda mucho por investigar en este tema.
¡Feliz semana!
Boris C. Rodríguez Martín PhD.
