Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
A inicios de 2019 se publicaba un reportaje que narraba la historia de un chico de 21 años que había perdido sus dientes a pesar de que se los cepillaba al menos dos veces cada día. En ese momento el chico estudiaba ingeniería y declaró que consumía unas seis latas al día (unos tres litros) de una bebida energética específica.
La tragedia comenzó cuando, al morder una manzana (que suerte de tiene esta fruta para estar en todos los fregaos), se le cayeron los cuatro incisivos frontales. Al ir a realizarse una revisión tenía todos los dientes podridos. Necesitó 24 rellenos dentales y varios implantes. Todo ello le supuso un coste de más de 2500 dólares.
Esto es solo un caso aislado de un problema mayor. El 6 de marzo de 2013, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria publicaba su reporte sobre las bebidas energéticas. Los datos de las personas con un consumo crónico (4 o 5 veces por semana) eran alarmantes y abarcaban todas las etapas evolutivas.
El 12% de adultos de 18 a 65 años consumían más de cuatro litros al mes. Por su parte, en el 12 % de adolescentes de 10 a 18 años el consumo medio subía hasta los siete litros al mes. Por último y más preocupante, el 16% de los niños de 3-10 años llegan a consumir igual cantidad que los adultos con consumo crónico. Estos porcentajes aumentan si su consumo se combina con alcohol, sobrepasando el 50% de los encuestados, sean adolescentes o adultos.
