Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
No son pocos los escritos y canciones populares que vinculan el consumo de drogas con la “gestión” de emociones. Tolerar la tristeza y el dolor, promover el relax o pasar un buen rato son algunos ejemplos. Incluso se ha dicho de algunas drogas que ayudan a alcanzar la “felicidad”.
El efecto de las drogas sobre el funcionamiento cerebral está más que documentado, al igual que el final que puede tener un patrón de abuso. Como bien se señala, la gente comienza consumiendo para pasarlo bien y termina haciéndolo para no sentirse mal. Al fin y al cabo, no se trata de gestionar, sino de TAPAR.
La gestión de emociones es una tarea compleja. Tanto es así que mucha gente responde con “bien” o “mal” cuando le preguntan cómo se siente. Aunque parezca increíble resulta difícil identificar una emoción específica con una intensidad media más allá de una sensación de malestar o bienestar.
La respuesta lógica a la anterior pregunta radica en identificar una emoción. En este sentido, son pocos los que responden con un “aburrido”, “tranquilo”, “triste”, “alegre”, “enojado”, “esperanzado, entre otras.
Tal es la importancia de este proceso, que a identificar las emociones y señalar su intensidad dedicamos una sesión semanal en nuestra clínica. En el transcurso de esta se pide a aquel que lo desee que las desarrolle, compartiéndolas con sus compañeros en el marco del grupo, que es facilitado por un terapeuta experto.
Identificar y compartir nuestras emociones con otros, a la vez que somos receptivos con sus opiniones y experiencias son recursos que abren el camino de la gestión de emociones. ¡Compartirlas y no taparlas con sustancias es la clave!
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