Concentración de THC y riesgos de los derivados del cannabis

Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026

“Ah, bueno, solo es yerba”. Fue el comentario de una madre al descubrir que su hijo de 14 años consumía cannabis. Este comentario captura el desconocimiento de que la concentración de cannabis en cada dosis ha cambiado notablemente y es tremendamente superior que la que podían haber consumido los propios padres cuando eran adolescentes.

Un reciente reportaje que se publicó el 23 de junio pasado en The New York Times refiere que las concentraciones de THC (componente tóxico) en las muestras incautadas de cannabis en 1995 eran del 4%. En 2017 habían subido al 17% y hoy en algunos productos de comercialización legal puede superar el 95%.

Ello contrasta con la disminución de los niveles de CBD (componente no tóxico) de las plantas de cannabis. Muchos investigadores sugieren que, por esta, y otras razones, el cannabis que se está consumiendo hoy día sea más adictivo.

Es decir, la legalización de cannabis hace que las vías para el uso del cannabis se diversifiquen. No es necesario fumarlo, puede comerse en alimentos elaborados sobre su base o ser absorbido por la piel mediante cremas y aceites. Por ejemplo, el vapeo de cannabis se percibe como menos riesgoso, cuando podría ser todo lo contrario.

Tampoco existen, en muchos casos, regulaciones a la potencia del preparado o siquiera alertas sobre los potenciales efectos negativos sobre la salud mental. Quizás, una vez más en la historia de los medicamentos y derivados, estamos dejando al lobo a cargo de las ovejas.

Que quede claro ¡El cannabis que fumaron los padres en su adolescencia y juventud no es el mismo que están consumiendo sus hijos!

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