Sexting: riesgos, consecuencias y prevención

Artículo revisado y actualizado en octubre de 2026

Según Wikipedia, se trata de un anglicismo para designar el envío de mensajes eróticos o pornográficos mediante los teléfonos móviles. Al inicio se trataba de mensajes sexuales por SMS, pero en la actualidad incluye imágenes y vídeos. En pocas palabras, es el exhibicionismo de toda la vida, pero online.

En España, un estudio publicado en Sexuality Research and Social Policy reveló que alrededor del 60% de los adultos encuestados practicaban sexting y el 28% declaró enviar fotos, imágenes o vídeos. Según un artículo de JAMA Pediatric, el incremento de esta práctica es notable en estudiantes universitarios: de un 27% en 2012 a un 44% en 2015.

También puede ser una práctica usual dentro del matrimonio. Según otro estudio publicado en Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, alrededor del 29% de las personas evaluadas declaró haber enviado mensajes eróticos a su pareja y el 12% fotos o vídeos desnudos o semidesnudos.

¿Por qué es una conducta de riesgo?

Uno de los problemas asociados a la distribución del contenido, es que suele alcanzar audiencias no deseadas. Hace unos días, en España despertamos con la triste noticia del suicidio de una mujer, a raíz de la difusión no consentida de un vídeo de contenido sexual que se había realizado hace cinco años. Al difundirse el vídeo en su entorno laboral, estaba casada con otra pareja y era madre de dos niños, uno de 4 años y otro de 9 meses. Esta mujer fue víctima de una violación de su derecho a la intimidad, que derivó en un grado de acoso en su centro de trabajo, que no fue capaz de soportar.

El 80% de los compañeros de trabajo habían recibido el archivo y algunos, además de compartirlo, se acercaban incluso a su puesto de trabajo para verla. Tampoco fue comprendida y apoyada por la empresa, que no activó el protocolo contra el acoso sexual cuando fue a denunciar la situación. Hoy día la policía se encuentra investigando dónde se originó el envío, para que situaciones como esta no queden impunes.

¿Qué dicen los estudios?

Una revisión publicada en Clinical Psychology Review resalta que aunque entre el 12-25% de las personas lo usan de forma esporádica, siempre debe ser considerado como una conducta de riesgo. Sobre todo por su difusión entre los adolescentes y la violación de la privacidad que supone para muchos de ellos.

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Un reciente meta-análisis publicado en JAMA Pediatric, basado en 39 estudios realizados entre 1990 y 2016. El mismo analizaba las diversas formas del sexting en más de 100 mil adolescentes. Los resultados revelaron que alrededor de un 15% de los adolescentes envían este tipo de mensajes y un 27% los recibe. Debo resaltar que el estudio señala que el 12% de los receptores, reenvían estos materiales de contenido sexual sin el consentimiento de la otra parte.

Una revisión de nueve estudios con cerca de 10 mil adolescentes, reveló que es casi siete veces más probable que aquellos que practican sexting reporten actividad sexual, con respecto a aquellos que no lo practican. Que la actividad sexual esté estrechamente ligada al envío, recepción o distribución de este tipo de mensajes es un factor de riesgo que no puede ser pasado por alto. Los resultados de esta revisión pueden consultarse en el Journal of Midwifery & Women’s Health.

¿Por qué se comparten estos vídeos sin autorización?

¿Qué motiva a una persona a diseminar, sin autorización, un vídeo que implica a otras personas? ¿Lo hacen por maldad o inconsciencia? Un grupo de investigadores australianos diseñaron un estudio para intentar responder preguntas como éstas. Los resultados del estudio pueden consultarse en la revista Computers in Human Behavior.

El estudio evaluó a más de 500 personas, donde el 67% eran mujeres. Se analizaron un grupo de actitudes con respecto a compartir mensajes de sexo, así como la presencia de la llamada “triada oscura” de la personalidad (donde confluyen una amalgama de rasgos maquiavélicos, psicopáticos y narcisistas), y que puede ser considerada como una medida del “nivel de maldad” de una persona.

Los resultados no revelaron asociación con este “nivel de maldad”, sino que solamente se observaron relaciones con cuatro factores, que permiten ofrecer un perfil del distribuidor de sexting. Mayormente se trata de individuos sexualmente activos, que suelen recibir este tipo de mensajes y que han asumido estos mensajes será vistos por otros de una y otra forma. Lo más preocupante es la inconsciencia, pues se diseminar un vídeo o mensaje de sexo de un tercero se considera divertido. Solamente se ve algo de conciencia o previsión en aquellas personas que han experimentado en carne propia las consecuencias negativas de la difusión de estos mensajes.

¿Qué ocurre con los menores?

En este sentido, resulta preocupante el creciente número de menores de 12 años con acceso a teléfonos móviles, que pueden ser víctimas de engaños por parte de adultos o de cyberbullying. En Chile se llevó a cabo un estudio con más de 12 mil menores de edades comprendidas entre 5 y 18 años, para identificar el alcance de estos problemas en estudiantes de educación básica y media.

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Los resultados de este estudio fueron publicados en la Revista Chilena de Pediatría y revelaron que alrededor del 15% de la muestra habían sido engañados por un adulto, quien escondía su identidad o presionados para obtener información. También se observó que el 7% había recibido amenazas por estas vías. Por último, alrededor del 4% había compartido fotos en ropa interior o desnudos y el 6% las había recibido.

Rasgos de personalidad y consecuencias psicosociales

En mayo de 2019 se publicó un estudio sobre el tema en la revista Anales de Psicología, llevado a cabo en España con más de 600 adolescentes, a los que se le realizó un seguimiento de un año. El estudio se propuso analizar la relación entre los distintos factores de la personalidad y esta práctica, así como sus predictores y consecuencias.

Los resultados revelaron que cerca del 45% de los adolescentes realizaron conductas de sexting, al menos una vez durante el año de seguimiento. Desde un punto de vista de género predominaron los chicos (50%) sobre las chicas (40%).

Con respecto a las dimensiones de la personalidad se observó una relación entre las conductas de sexting y diversos rasgos del neuroticismo como depresión, impulsividad y vulnerabilidad. De forma general, también se relaciona con la extraversión y, dentro de esta dimensión, destaca la búsqueda de emociones. Los resultados parecen sugerir que una elevada extraversión y una baja amabilidad y responsabilidad predicen significativamente las conductas de sexting.

En una dirección opuesta, se observó una relación negativa con la franqueza y el altruismo. Una vez más el desarrollo de los valores se muestra como un factor protector de conductas de riesgo.

Con respecto a las consecuencias de la práctica del sexting en adolescentes, el estudio revela un resultado a tomar en cuenta. Durante el seguimiento, los niveles de cibervictimización descendieron. Los autores atribuyen este resultado a que la exposición podría ser compensada con la ganancia de aceptación y popularidad, tan anheladas en esta etapa evolutiva.

No obstante, el estudio también reveló una reducción del bienestar y la vivencia de emociones positivas. Quizás esta sea la factura que el adolescente debe pagar por la aceptación y popularidad que anhela. En fin, tiene lo que desea, pero no se siente a gusto con el precio que ha pagado por ello.

Relación con el alcohol y consumo de pornografía online

En Junio de 2017 se publicaba en Sexuality Research and Social Policy un estudio con más de 600 adolescentes encaminados a esclarecer este punto. Los resultados revelaron que la relación entre el sexting y el consumo de pornografía estaban moderadamente mediados por el consumo de alcohol.

El 80% de los participantes reconoció haber practicado sexting al menos una vez, el 55% haber enviado un mensaje o vídeo y el 9% haberlo subido a sus redes sociales. Pero, qué ocurre en aquellos que suelen ver pornografía y consumen alcohol de forma crónica.

En los adolescentes que ven pornografía online, un elevado consumo de alcohol, se relacionaba con mayor propensión al sexting. Una vez más se constató que estas conductas eran más frecuentes en chicos que en chicas.

Consideraciones finales

Como se ha podido observar, compartir textos, imágenes o fotos de carácter erótico o abiertamente pornográfico es una práctica que debe estudiarse con más atención. En este sentido, las personas que lo practican deben ser más conscientes de los riesgos a los que se ven expuestos y las implicaciones de carácter legal que tiene compartir estos contenidos sin la debida autorización de la otra parte implicada en el mensaje, o en caso de recibir un vídeo que implique a terceros.

También debo hacer un llamado de atención especial a los padres y educadores, debido el creciente número de menores con acceso a teléfonos móviles y los riesgos que ello implica. En este sentido, la familia y la sociedad debe tomar medidas para educar al menor en valores que permitan prevenir este tipo de conductas. Debemos aprender a conservar nuestra privacidad en un mundo “conectado”, pues experiencias que hace apenas unas décadas terminaba como un mal recuerdo, ahora puede quedar perpetuadas en las redes.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

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