Artículo revisado y actualizado en octubre de 2026
Al hablar de la anorexia nerviosa, estamos haciendo referencia a una grave enfermedad, con un elevado riesgo para la salud y la vida misma, que en muchas ocasiones suele pasar desapercibida hasta está completamente desarrollada.
Este es un trastorno que comienza usualmente en la adolescencia y afecta en mayor medida a las chicas. De hecho, una revisión sobre el tema, publicada en Lancet Psychiatry en 2015 lo ubica en una proporción de 8 mujeres por cada hombre que que lo padece. La misma fuente señala que es un trastorno con una heredabilidad en un rango de 28-74%.
Sin embargo, los factores genéticos solo cargan el arma, pero son los factores ambientales los encargados de apretar el gatillo. El ambiente familiar, los traumas en la infancia, los patrones de belleza imperantes, entre muchos otros, pueden ser considerados como importantes factores de riesgo de la aparición y desarrollo del trastorno.
Ello se agrava con la proliferación de una comunidad pro-anorexia en Internet, donde las chicas pueden ponerse en contacto a través de las redes sociales y compartir todo tipo de experiencias y consejos con el objetivo de promover el desarrollo de la enfermedad. Para quien quiera profundizar en el tema recomiendo la lectura de la revisión sobre “Las características de la comunidad pro-anorexia”, publicada en 2016. Aunque debo señalar que los estudios sobre el tema son numerosos y se pueden encontrar fácilmente haciendo una búsqueda en Google Académico.
Criterios diagnósticos
El DSM5 define la anorexia nerviosa como un trastorno caracterizado por:
A) Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conducen a un peso corporal significativamente bajo con relación a la edad, el sexo, el curso del desarrollo y la salud física. Peso significativamente bajo se define como un peso que es inferior al mínimo normalo, en niños y adolescentes, inferior al mínimo esperado.
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B) Miedo intenso a ganar peso o engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo.
C) Alteración en la forma en que uno mismo percibe su propio peso o constitución, influencia impropia del peso o la constitución corporal en la autoevaluación, o falta persistente de reconocimiento de la gravedad del bajo peso corporal actual.
A su vez, se divide en tipo restrictivo y tipo con atracones/purgas. El tipo el tipo atracón/purgas se caracteriza por episodios recurrentes de atracones o purgas (vómito provocado o utilización incorrecta de laxantes, diuréticos o enemas). Por su parte, el tipo restrictivo se caracteriza porque la pérdida de peso es debida a la dieta, el ayuno y/o el ejercicio excesivo y ausencia de episodios de atracones o purgas durante los últimos tres meses.
Por último, se clasifica atendiendo a la gravedad en leve [IMC≥ 17 kg/m2], moderado [IMC 16-16.99 kg/m2], grave [IMC 15-15.99 kg/m2] y extrema [IMC< 15 kg/m2].
Anorexia como adicción
El abordaje de la anorexia nerviosa como una adicción a la inanición está descrito desde 1984 en un artículo publicado en Psychology and Psychotherapy. En el mismo se argumenta que estos pacientes dependen psicológica y, posiblemente, fisiológicamente de los efectos de la inanición.
En este artículo se argumenta que la continua disminución del peso es el resultado de la tolerancia a la inanición, que requiere de niveles cada vez mayores de restricción para lograr el efecto deseado. También se analiza el desarrollo posterior de los síntomas de abstinencia en el momento en el que estos pacientes deben comer.
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Dos años después de la publicación del citado trabajo, el International Journal of Eating Disorders publicaba un artículo que proponía un modelo biológico para explicar esta postura. En el mismo se hacía referencia al rol de los opioides endógenos en la anorexia nerviosa.
Recientemente se han detectado variaciones genéticas específicas que permitirían explicar esta tendencia a la restricción y la consecuente pérdida de peso. Al respecto se ha publicado un estupendo estudio que analizó los diversos marcadores genéticos de más de 3000 pacientes con anorexia nerviosa comparados con más de 10 000 controles. Los resultados fueron publicados en The American Journal of Psychiatry en 2017.
Impulso y compulsión
La adicción es una enfermedad que se caracteriza por dificultades en el control de los impulsos y una elevada compulsión. Para profundizar en el tema, recomiendo la lectura del post sobre impulsividad y adicciones. ¿Existen en la anorexia nerviosa dificultades similares? Una revisión sobre el tema titulada Impulsividad y compulsividad en la anorexia nerviosa, publicada en 2019 brinda elementos muy interesantes para su análisis.
La impulsividad en la anorexia se observa en ambos subtipos, el purgativo y el restrictivo. En el primero se asocia a dificultades en la regulación emocional, que lleva a la pérdida de control sobre la comida y el uso de las purgas como medio de gestión del malestar; mientras que en el segundo se asocia a una desproporcionada percepción de autocontrol.
La compulsión, por su parte, está referida a una obstinada búsqueda de la restricción y la pérdida del peso. Curiosamente parece ser muy similar a la observada en el trastorno obsesivo-compulsivo o las adicciones, que también suelen ser diagnósticos frecuentes en este tipo de pacientes.
De igual forma que no todo el que consume una sustancia desarrolla una adicción, no todo el que se restringe o hace dietas desarrolla la anorexia nerviosa. Resulta necesaria la interacción de rasgos comunes de personalidad como una elevada impulsividad y ansiedad, así como la percepción de la actividad como gratificante. Es importante señalar que la restricción aporta una sensación de control que genera gratificación, al igual que el alivio que generan las distintas conductas purgativas.
Adicciones y anorexia: ¿similitudes en el funcionamiento familiar?
Diversas posturas consideran que ambos trastornos son diferentes manifestaciones de un proceso adictivo subyacente. En este contexto, no sería ilógico pensar que el funcionamiento familiar en ambos trastornos debería tener numerosas similitudes.
Por ejemplo, algunos estudios han encontrado que son frecuentes los abusos físicos o sexuales en la historia de estos pacientes, mediados por inseguros y dañados vínculos parentales. No obstante, los mismos se han basado en las percepciones de los pacientes.
Recientemente se ha realizado un estudio que aborda la visión conjunta de pacientes, sus madres y padres con respecto a sus relaciones familiares de dependencia, cohesión y adaptabilidad; así como la expresión emocional de la familia. Los resultados fueron publicados en el Journal of Clinical Psychology.
Para ello fueron evaluadas 25 pacientes con anorexia nerviosa y 26 pacientes con trastornos por consumo de cannabis y heroína (igual sexo, similar edad y tiempo de evolución del trastorno), junto con sus madres y padres.
Los investigadores pensaban que las familias de ambos grupos de pacientes podían: tener un funcionamiento diferente al las familias de individuos sin alteraciones psicológicas diagnosticadas; compartir niveles bajos de cohesión y elevados de dependencia emocional. Especulaban, a su vez, que los padres de las pacientes diagnosticadas por trastorno por consumo de sustancia podrían tener niveles más elevados de expresión emocional que los de las pacientes con anorexia nerviosa.
Si bien los resultados del estudio confirmaron las hipótesis de los investigadores, debo comentar algunos matices. Ambos grupos de pacientes mostraron elevados niveles de dependencia emocional y poca confianza en sí mismas (más agudizado en las pacientes con anorexia nerviosa). Esta última característica también estaba presente en sus padres.
Con relación a la expresión emocional, las madres de las pacientes con trastorno por consumo de sustancias tendían a ser más críticas y estar más involucradas. Si bien ambos grupos de pacientes percibieron una baja cohesión familiar, este hecho era referido por ambos padres de las pacientes con anorexia nerviosa, pero solo por las madres de las pacientes por trastorno por consumo de sustancias.
Con independencia que es un estudio inicial sobre el tema, extraigo un hecho que es innegable: ambos grupos de familias necesitan mayor cohesión y confianza entre sus miembros. En este sentido, quizás muchos de los grupos terapéuticos y de ayuda mutua que brindan apoyo y herramientas a los familiares de personas con diversas adicciones puedan servir de modelo a los familiares de las personas diagnosticadas con anorexia nerviosa. Recomiendo leer el post sobre cómo ayudar a la familia del adicto.
Tratamiento y enfoques de ayuda muta
Dado que existen numerosas similitudes entre la anorexia y las adicciones sería lógico pensar que algunos enfoques de tratamiento podrían tener factores comunes. Al igual que existen redes pro-anorexia, existen redes de recuperación para la anorexia.
Recientemente publicamos un artículo científico para destacar el potencial que tienen los grupos de ayuda mutua que siguen el esquema de los 12 pasos, para complementar el tratamiento de los trastornos de la alimentación. El artículo fue publicado en Frontiers in Psychology en 2018.
En la Fundación Recal hemos adaptado el Modelo Minessota para tratar la anorexia en adultos, cuando el índice de masa corporal o las conductas purgativas no representan un riesgo para la vida.
No es un esquema para contener a un paciente severo en activo. Al igual que enviamos un paciente regular a un centro de desintoxicación antes de ser aceptado para el tratamiento, tampoco aceptamos pacientes con un índice de masa corporal de riesgo, o cuyas conductas purgativas llevan medidas de contención extremas.
El esquema de tratamiento propuesto ayuda a aquellas personas que han dejado de consumir, a aprender a vivir sin consumir. En la anorexia nerviosa se entienden la restricción y las purgas como el consumo. Vivir limpio, por tanto, consiste en aprender a diseñar y cumplir un plan de alimentación saludable y la implementación de otras estrategias de regulación emocional mas funcionales, que permitan sustituir los atracones y las purgas.
¡Feliz semana!
Boris C. Rodríguez-Martín PhD
