Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
El impacto del COVID-19 ha sido enorme y, poco a poco, los países y las personas se preparan para convivir con esta nueva realidad. El problema del COVID-19 es que muchos le subestimaron y desbordó la capacidad de nuestros sistemas de salud para hacerle frente, pero no el único “enemigo” que amenaza nuestra salud y nuestras vidas, ni siquiera el más peligroso.
Existen numerosas pandemias que hemos “normalizado”, son mucho más letales y para las que existe cura. Por ejemplo, el hambre y algunas enfermedades infecciosas se cobran la vida de millones de personas cada año. Sin embargo, esa mortal realidad a la que están condenados millones de seres humanos en situación de extrema pobreza y vulnerabilidad no “interfiere” nuestra vida cotidiana.
También existen otras enfermedades crónicas con una alta tasa de mortalidad, dentro de las que se encuentran las adicciones. Si sumo los distintos datos de la OMS sobre las distintas adicciones, tabaco alcohol, sobredosis de medicamentos u otras drogas ilegales, la cifra de fallecidos supera los 10 millones de personas cada año.
En fin, nos fuimos a casa para protegernos de un enemigo desconocido y quizás bajamos la guardia ante los viejos conocidos de siempre. En este post me gustaría analizar qué ha ocurrido con las adicciones durante todo este período.
La colisión de dos epidemias
Me encantaría atribuirme el título del post y el de este epígrafe, pero tengo que confesar que se los he tomado prestados a algunos artículos publicados en Annals of Internal Medicine en el mes de abril.
La colisión de dos epidemias era la idea general de algunas reflexiones publicadas por la Dra. Nora Volkow, una reconocida especialista en estos temas. En este artículo se observa su preocupación por las complicaciones en las funciones pulmonares, que pueden verse agravadas en los pacientes con trastornos por dependencia de sustancias. Especialmente los consumidores de sustancias que se fuman o vapean, como los opioides y algunas sustancias estimulantes. Refiere que muchas de estas personas tienen el riesgo añadido de encontrarse en una situación de extrema vulnerabilidad y/o exclusión social.
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En una línea similar se expresan los autores del artículo titulado cuando las epidemias chocan. En este texto, se hace énfasis en la necesidad crear los medios necesarios que permitan a estos pacientes seguir recibiendo sus tratamientos, especialmente los de metadona y buprenorfina. También se instaba a las autoridades federales a crear medios de prescripción que evitaran las demoras asociadas al contacto cara-a-cara en la consulta.
Por último, en una epidemia en el medio de una pandemia el artículo del que tomo prestado la primera parte de su título para encabezar el de la segunda parte del de este post.
Achicar el agua del bote
A combatir la epidemia de las adicciones las naciones dedican numerosos recursos, pero a veces tengo la sensación de que es como achicar agua de un bote en plena tormenta. En esta dirección se mueve una interesante nota editorial publicada en Addiction. En este sentido, sus comentarios sobre los opioides y estimulantes no son diferentes de los que he referido en el epígrafe anterior.
En el caso del alcohol, muchos de sus comentarios son similares a los que expuse en mi sobre el consumo de alcohol durante la cuarentena. Sin embargo, un elemento distintivo radica en su preocupación por el manejo de los síntomas de abstinencia que pueden presentar numerosas personas que han desarrollado esta adicción, ocasionados por el cierre de numerosos establecimientos que facilitaban el acceso a estas bebidas.
El confinamiento en la India ha puesto ya de relieve este problema, más allá de la especulación. El pasado 13 de mayo se publicaba en Alcohol and Alcoholism un estudio sobre las dificultades detectadas. Los investigadores revisaron el número de visitas diarias a Urgencias en varios hospitales de Bangalore, ocurridas entre el 1 de enero y el 11 de abril de 2020 por cuadros clínicos asociados. Los resultados revelaron que tras el confinamiento se duplicaron las visitas a urgencias por cuadros relacionados con la abstinencia al alcohol.
¿Qué ha ocurrido con los comportamientos adictivos?
A diferencia de las adicciones a sustancias, donde el confinamiento supone una gran dificultad añadida para conseguir algunas, ello no ocurre con un grupo de comportamientos con alto potencial adictivo. La propia red facilita que las personas puedan consumir online juego, videojuegos, sexo, pornografía, compras o comida. ¡Que decir de los entusiastas del trabajo con el teletrabajo! En fin, propongo que revisemos la evidencia o, al menos, las preocupaciones de los expertos.
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En relación con el juego patológico el 18 de mayo se publicaba una interesante reflexión sobre este tema en Addiction Medicine. Los autores no se mostraban muy optimistas con las secuelas que el confinamiento podía dejar sobre este problema. De hecho, hacen referencia a una encuesta llevada a cabo por investigadores de la Unidad de Juego del Hospital de Bellvitge en Barcelona.
Los resultados revelaron que para el 12% de los encuestados se incrementaron los problemas con el juego online, el 46% manifestaba síntomas de ansiedad y el 27% de depresión. Solo un 19% de la muestra reportó estar completamente abstinente. En fin, que este confinamiento está siendo una dura prueba para todas aquellas personas con problemas con el juego online.
Con respecto a los videojuegos, comenzaré afirmando que pueden ser una estrategia común y muy funcional para afrontar el confinamiento. Si embargo, existe un grupo de personas para los que una exposición continuada puede representar un riesgo. En esta misma línea he encontrado un artículo publicado en el Journal of Behavioral Addictions, que resume las preocupaciones de un grupo de prestigiosos especialistas en esta área.
Con respecto al consumo de pornografía, sobre el 17 de marzo se observó un incremento del 11% en las visitas a los principales sitios web en Europa. Y en aquellos países donde los servicios Premium de estas aplicaciones se ofrecieron gratis durante el confinamiento, los incrementos fueron aún mayores. Por ejemplo, la visita a sitios web de pornografía subió al 57% en Italia y 61% en España, respectivamente. Las horas donde el incremento fue mayor fueron las 3 (32%) y las 13 horas (26,4%).
A entender por qué podemos comer más durante la cuarentena dediqué un post. Sin embargo, una encuesta online realizada en Francia a más de 1000 personas durante el confinamiento y publicada el pasado 13 de mayo en Obesity Surgery reveló que, luego de tres semanas confinados, alrededor del 40% gestionó el estrés, la sensación de vacío y el aburrimiento mediante el comiendo más de lo habitual. Lo más importante, alrededor de un 25% de la muestra refirió una sensación de pérdida de control sobre la comida.
De las compras basta solo ver el pánico que se desató al inicio de la cuarentena, donde los supermercados se quedaban vacíos y en los Países Bajos, las personas hacían largas filas para aprovisionarse de porros como un producto de primera necesidad. Todavía está por determinar el efecto que puede tener el teletrabajo, tanto sus luces como sus sobras.
A modo de conclusión
La situación actual nos revela que nos encontramos con la epidemia de las adicciones dentro de la pandemia del coronavirus.
En este contexto se encuentran especialmente en riesgo los consumidores de sustancias que se fuman o vapean, como los opioides y algunos estimulantes. Donde es necesario agilizar los mecanismos que permitan la prescripción de metadona y la buprenorfina, evitando las demoras que se requieren para un contacto presencial con un médico.
Para aquellas personas que padecen de una adicción al alcohol la realidad del confinamiento ha sido muy difícil, sobre todo en aquellos contextos donde se ha dificultado el acceso a estas bebidas. Como consecuencia, las complicaciones clínicas asociadas al síndrome de abstinencia del alcohol se pueden traducir en un incremento de las visitas a los servicios de Urgencia.
Para aquellas personas que presentan adicción al juego la realidad es aun más complicada, pues las plataformas para realizar apuestas online no han sido confinadas y siguen estando a un clic de distancia.
Aunque jugar videojuegos parece ser una estrategia funcional durante el confinamiento, para un grupo de personas representa una conducta de elevado riesgo.
El cibersexo parece ser otra conducta que se ha incrementado durante la cuarentena, sobre todo en países como Italia o España donde los sitios web de pornografía han ofrecido de manera gratuita sus servicios premium a todos los usuarios.
Por última, la mala gestión del estrés, la sensación de vacío y el aburrimiento durante esta etapa, hace con un grupo de personas perciba que pierde el control sobre cantidad y la calidad de la comida que ingiere.
En fin, los servicios de salud mental de los diferentes países deben prepararse para lidiar con las secuelas que nos dejará este confinamiento.
¡Entre todos venceremos al coronavirus! ¡Haz tu parte!
Boris C. Rodríguez-Martín PhD
