Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
Según Wikipedia, se trata de un anglicismo para designar el envío de mensajes eróticos o pornográficos mediante los teléfonos móviles. Al inicio se trataba de mensajes sexuales por SMS, pero en la actualidad incluye imágenes y vídeos. En pocas palabras, es el exhibicionismo de toda la vida, pero online.
En España, un estudio publicado en Sexuality Research and Social Policy reveló que alrededor del 60% de los adultos encuestados practicaban sexting y el 28% declaró enviar fotos, imágenes o vídeos. Según un artículo de JAMA Pediatric, el incremento de esta práctica es notable en estudiantes universitarios: de un 27% en 2012 a un 44% en 2015.
También puede ser una práctica usual dentro del matrimonio. Según otro estudio publicado en Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, alrededor del 29% de las personas evaluadas declaró haber enviado mensajes eróticos a su pareja y el 12% fotos o vídeos desnudos o semidesnudos.
¿Por qué es una conducta de riesgo?
Una revisión publicada en Clinical Psychology Review resalta que aunque entre el 12-25% de las personas lo usan de forma esporádica, siempre debe ser considerado como una conducta de riesgo. Sobre todo por su difusión entre los adolescentes y la violación de la privacidad que supone para muchos de ellos.
Un reciente meta-análisis publicado en JAMA Pediatric, basado en 39 estudios realizados entre 1990 y 2016. El mismo analizaba las diversas formas del sexting en más de 100 mil adolescentes. Los resultados revelaron que alrededor de un 15% de los adolescentes envían este tipo de mensajes y un 27% los recibe.
Debo resaltar que el estudio señala que el 12% de los receptores, reenvían estos materiales de contenido sexual sin el consentimiento de la otra parte. Uno de los problemas asociados a la distribución del contenido, es que suele alcanzar audiencias no deseadas.
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Poniendo rostro a las víctimas
Hace unos días, en España despertamos con la triste noticia del suicidio de una mujer, a raíz de la difusión no consentida de un vídeo de contenido sexual que se había realizado hace cinco años. Al difundirse el vídeo en su entorno laboral, estaba casada con otra pareja y era madre de dos niños, uno de 4 años y otro de 9 meses. Esta mujer fue víctima de una violación de su derecho a la intimidad, que derivó en un grado de acoso en su centro de trabajo, que no fue capaz de soportar.
El 80% de los compañeros de trabajo habían recibido el archivo y algunos, además de compartirlo, se acercaban incluso a su puesto de trabajo para verla. Ciertamente hay mucho de maldad, pero también lo hay de ignorancia y falta de valores.
Tampoco fue comprendida y apoyada por la empresa, que no activó el protocolo contra el acoso sexual cuando fue a denunciar la situación. Hoy día la policía se encuentra investigando dónde se originó el envío, para que situaciones como esta no queden impunes.
¿Qué ocurre con los menores?
En febrero de 2019 era noticia en el Diario de Mallorca, la difusión de imágenes sexuales de un menor de 14 años por parte de un compañero de instituto. Éste engañó a su compañero haciéndose pasar por varias chicas, logrando que le pasara imágenes con contenido sexual, para luego reenviarlas a otros compañeros a modo de “broma”. El menor está actualmente acusado de descubrimiento y revelación de secretos, además de estafa leve, pues uso un número de tarjeta que le facilitó la víctima para hacer compras.
Sin embargo, en la mayoría de los casos no suelen ser compañeros sino adultos, los que solicitan este tipo de imágenes. Ello da pie a otro de los problemas legales asociados, que suelen ser el acoso, la extorsión, o la explotación de menores con fines sexuales.
Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en una noticia emitida en La Sexta. Se trata del ofrecimiento de un hombre a una menor de 13 años que quería comprar herramientas en Fortnite: “Si me mandas un vídeo desnuda, te los pago yo”, se citaba en el titular. La menor accedió y envió el vídeo; entonces el agresor comenzó a chantajearla para que le enviara más imágenes. La noticia refleja, además, una alerta de la policía de que el número de menores que graba este tipo de vídeos se ha disparado.
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Un escándalo en YouTube
Recientemente un usuario de YouTube puso evidencia la facilidad con la que los pedófilos pueden encontrar vídeos de menores. Suelen ser situaciones cotidianas, pero se suele indicar el minuto exacto en el que puede aparecer una posición comprometida.
Si el canal llega a tener un número determinado de visitas, la plataforma incluye publicidad, lo que permite a los pedófilos tener ingresos por la difusión de tales contenidos. Ello ha llevado a compañías como Disney, a cortar su publicidad en esta plataforma.
La plataforma ha anunciado que está tomando medidas, pero el tema en cuestión deja en evidencia que los controles para evitar este tipo de situaciones no son suficientes.
Pedofilia en directo
Otra noticia que nos puede dejar boquiabiertos es la detención de 31 personas que manejaban una Web de pedofilia. En la misma se emitían en directo, vídeos de 145 víctimas de 8 a 14 años. Los agresores, se dedicaban a rastrear menores en las redes, a los que enviaban invitaciones para participar en una plataforma.
Una vez en la plataforma, se encontraban con vídeos de otros menores y se les animaba a emitir en directo a través de su Webcam. Los menores nunca sospecharon la existencia de adultos en la plataforma y pensaban que se trataba de un juego. Muchos ni siquiera tenían conciencia del carácter sexual de las imágenes, y solo deseaban ganar “likes” y seguidores.
En este sentido, resulta preocupante el creciente número de menores de 12 años con acceso a teléfonos móviles, que pueden ser víctimas de engaños por parte de adultos o de cyberbullying. En Chile se llevó a cabo un estudio con más de 12 mil menores de edades comprendidas entre 5 y 18 años, para identificar el alcance de estos problemas en estudiantes de educación básica y media.
Los resultados de este estudio fueron publicados en la Revista Chilena de Pediatría y revelaron que alrededor del 15% de la muestra habían sido engañados por un adulto, quien escondía su identidad o presionados para obtener información. También se observó que el 7% había recibido amenazas por estas vías. Por último, alrededor del 4% había compartido fotos en ropa interior o desnudos y el 6% las había recibido.
Rasgos de personalidad y consecuencias psicosociales
En mayo de 2019 se publicó un estudio sobre el tema en la revista Anales de Psicología, llevado a cabo en España con más de 600 adolescentes, a los que se le realizó un seguimiento de un año. El estudio se propuso analizar la relación entre los distintos factores de la personalidad y esta práctica, así como sus predictores y consecuencias.
Los resultados revelaron que cerca del 45% de los adolescentes realizaron conductas de sexting, al menos una vez durante el año de seguimiento. Desde un punto de vista de género predominaron los chicos (50%) sobre las chicas (40%).
Con respecto a las dimensiones de la personalidad se observó una relación entre las conductas de sexting y diversos rasgos del neuroticismo como depresión, impulsividad y vulnerabilidad. De forma general, también se relaciona con la extraversión y, dentro de esta dimensión, destaca la búsqueda de emociones. Los resultados parecen sugerir que una elevada extraversión y una baja amabilidad y responsabilidad predicen significativamente las conductas de sexting.
En una dirección opuesta, se observó una relación negativa con la franqueza y el altruismo. Una vez más el desarrollo de los valores se muestra como un factor protector de conductas de riesgo.
Con respecto a las consecuencias de la práctica del sexting en adolescentes, el estudio revela un resultado a tomar en cuenta. Durante el seguimiento, los niveles de cibervictimización descendieron. Los autores atribuyen este resultado a que la exposición podría ser compensada con la ganancia de aceptación y popularidad, tan anheladas en esta etapa evolutiva.
No obstante, el estudio también reveló una reducción del bienestar y la vivencia de emociones positivas. Quizás esta sea la factura que el adolescente debe pagar por la aceptación y popularidad que anhela. En fin, tiene lo que desea, pero no se siente a gusto con el precio que ha pagado por ello.
Consideraciones finales
Como se ha podido observar, compartir textos, imágenes o fotos de carácter erótico o abiertamente pornográfico es una práctica que debe estudiarse con más atención. En este sentido, las personas que lo practican deben ser más conscientes de los riesgos a los que se ven expuestos y las implicaciones de carácter legal que tiene compartir estos contenidos sin la debida autorización de la otra parte implicada en el mensaje, o en caso de recibir un vídeo que implique a terceros.
También debo hacer un llamado de atención especial a los padres y educadores, debido el creciente número de menores con acceso a teléfonos móviles y los riesgos que ello implica. De igual modo, los padres y familiares deben ser cuidadosos a la hora de compartir fotos o vídeos de menores en la redes sociales. Como ha quedado ilustrado en este post, los depredadores sexuales y pedófilos también se valen de las redes sociales para engañar, chantajear y agredir a muchas personas, principalmente a menores.
También la familia y la sociedad debe tomar medidas para educar al menor en valores que permitan prevenir este tipo de conductas. Debemos aprender a conservar nuestra privacidad en un mundo “conectado”, pues experiencias que hace apenas unas décadas terminaba como un mal recuerdo, ahora puede quedar perpetuadas en las redes.
¡Feliz semana!
Boris C. Rodríguez-Martín PhD
