Adicción a Internet: factores de riesgo, sueño y calidad de vida

Artículo revisado y actualizado en noviembre de 2026

Difícilmente podamos concebir nuestro mundo sin Internet. Es una herramienta que ha revolucionado muchas áreas de nuestra vida. Si bien los aspectos positivos son innegables, existen otros negativos que surgen cuando las personas se enganchan a la red como forma primaria de satisfacción de sus necesidades.

La adicción a Internet puede ser definida como una forma extrema en la que se manifiesta este fenómeno. Es un problema del control de los impulsos, que se caracteriza por la incapacidad de abstenerse o moderar su uso. Como cualquier otra adicción, afecta diversas áreas del desempeño vital del individuo como amistades, pareja, familia o trabajo.

Dimensiones de la adicción a Internet

En el párrafo anterior hacía referencia a las áreas de desempeño vital afectadas por el uso compulsivo de Internet. Sin embargo, entender cómo se agrupan éstas dificultades para un tipo de consumo puede variar entre diferentes sustancias o comportamientos. Un estudio publicado el pasado diciembre en BMC Psychiatry reveló una agrupación en tres dimensiones fundamentales:

  1. Preocupación emocional y cognitiva por el acceso a Internet.
  2. Descuido del trabajo (estudios) y falta de autocontrol.
  3. Problemas sociales.

Sin lugar a dudas, es la preocupación emocional y cognitiva es la que mayor peso tiene a la hora de determinar el uso problemático de Internet, sin embargo las dos restantes permiten establecer diferencias de género. En el caso de las chicas, elevadas puntuaciones en la primera dimensión tendían a combinarse con puntuaciones más elevadas en el descuido del trabajo y falta de autocontrol, mientras que para los chicos la combinación se establecía con los problemas sociales.

Rasgos de personalidad asociados

Los resultados de un estudio publicado en 2019 en Behaviour and Information Technology permitieron establecer una asociación negativa entre el uso de Internet y determinados rasgos de personalidad. En este sentido, los rasgos de nuestra personalidad que más afectados se ven suelen ser la autoestima, la amabilidad, la conciencia, la apertura a las experiencias y la estabilidad emocional.

No es de extrañar que la calidad de vida cae en picado cuando se observa un patrón de abuso de Internet. De hecho, otro estudio publicado en Technology in Society sugiere que en la medida que este patrón se cronifica, la felicidad y la calidad de vida disminuyen drásticamente. Ello puede ser debido a que el aumento de la presencia de emociones negativas, ocurre de forma simultánea a la disminución de las positivas.

Resultados en más de 31 países

Debo señalar que el uso de Internet se encuentra asociado a otras adicciones que implican su uso, como la adicción al sexo, juego, videojuegos o compras. En este sentido, definir la prevalencia de este problema de forma global resulta un paso necesario.

En 2014 fue publicado en Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, un estudio sobre el tema que recopila datos de más de 31 países. Los resultados obtenidos del análisis de datos de casi 100 mil personas muestran que, alrededor del 6% de la población cumple los criterios para su diagnóstico.

Existen algunos indicadores presentes en aquellos países con mayor prevalencia de adicción a Internet: 1) la percepción de una menor satisfacción con la vida; 2) mayor contaminación del aire en las ciudades; 3) mayor tiempo empleado en desplazamientos y 4) menor renta per cápita nacional.

La mayor tasa se observa en países del Oriente Medio (Irán, Israel, Líbano y Turquía) con el 11%. Le sigue los Estados Unidos de América con el 8%. A continuación, se ubican diversos países de Asia (China, Hong Kong, India, Corea del Sur y Taiwán) con el 7%. Los países del Sur y Este de Europa (entre ellos España) son los últimos que igualan la media global del 6%. Por debajo de la media global se encuentra Australia con el 4% y los países del Norte y Oeste de Europa con el 3%.

Aunque parezca escasa, es una tasa de prevalencia mucho mayor que para el juego patológico (1%) o cualquier otro trastorno del control de los impulsos. Los indicadores de tráfico, polución o ingresos hacen alusión a indicadores reales de calidad de vida. Un dato importante es que las tasas son mucho menores en aquellos países con mejores políticas ambientales (Ej. Alemania, Reino Unido, Noruega o Suecia), aun cuando la disponibilidad y acceso a Internet es igualmente elevada.

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¿Un problema para los jóvenes?

Numerosos estudios tienden a coincidir en que la mayoría de los usuarios de Internet son los adolescentes y jóvenes. Los estudios epidemiológicos sugieren que la prevalencia de un uso compulsivo puede variar en dependencia de la región geográfica, por ejemplo en Asia podría superar el 30%, en Europa podría alcanzar el 20% y en los EEUU ronda el 10% de los adolescentes y jóvenes. Por tanto, el análisis de los factores individuales que pueden llevar a una persona a desarrollar este problema deben ser estudiados.

Con relación a los factores individuales, un meta-análisis publicado en 2017 el International Journal of Adolescence and Youth revisó 29 estudios con adolescentes y jóvenes. Se encontró que determinados rasgos de personalidad como una elevada extroversión y neuroticismo reforzaban el uso problemático de Internet a través del tiempo. También se relacionaban con este problema alteraciones psicopatológicas como la fobia social, la depresión o el TDAH. Otro elemento que potencia el problema es crecer en un ambiente familiar disfuncional.

Un estudio con más de 70000 adolescentes coreanos, permitió establecer importantes diferencias del efecto del uso de Internet sobre la salud mental. Por ejemplo, el riesgo de desarrollar una relación problemática con la red se observó en chicos que pasan más de 3 horas por día conectados y en chicas que pasaban más de 2. También se registró el uso de Internet como un medio de evasión, mayormente en adolescentes con un estatus socieconómico bajo o en situación social de exclusión.

También se observó que cuando se sobrepasaban las 4 horas por día durante los fines de semana, el reporte de problemas de salud mental se incrementaba considerablemente. Si bien los chicos tendían a desarrollar un marcado patrón de dependencia, en las chicas aumentaban la percepción de no sentirse felices, los reportes de estado de ánimo depresivo y estrés subjetivo severo.

¿15 minutos menos de sueño pueden marcar la diferencia?

Estar conectados la mayor parte del tiempo puede afectar diversas áreas, pero el sueño es una de las que ha llamado la atención de los investigadores. En Sleep Medicine Reviews, se publicaba en 2019 una revisión de 23 estudios al respecto, con más de 35000 personas evaluadas.

El primer resultado que llama mi atención es que una persona con un patrón de abuso de Internet tiene el doble de posibilidades de manifestar problemas con el sueño. Se pudo comprobar que estas personas tienden a dormir 15 minutos menos que sus contrapartes sin patrón de abuso. Este dato puede ser engañoso, si no se combina con el deterioro que se observa tanto en el descanso como en la calidad del sueño, que pasan factura sobre el desempeño diurno de estas personas.

Los investigadores sugieren que no se debe revisar Internet o usar el móvil para ello antes de ir a dormir o estando en la cama. Muchas personas luego acuden al médico para que les prescriban fármacos para el sueño o directamente los compran en la farmacia, cuando solo deberían tener una adecuada higiene del sueño.

A modo de conclusión

Difícilmente nuestra vida cotidiana pueda ser concebida sin el uso de Internet, como la herramienta para gestionar numerosos servicios, conectar con otros, emprender un negocio o buscar información. Sin embargo, también parece convertirse para muchas personas, en el ambiente “ideal” para refugiarse de los problemas del mundo, la familia o las limitaciones propias.

En este sentido, dado que los adolescentes y jóvenes suelen ser los usuarios que más tiempo pasan en la red, resulta importante prestarles atención. Como se ha constatado, más de 2 horas diarias durante la semana y 4 horas diarias durante los fines de semana, parece ser un consumo de riesgo, con importantes consecuencias para la salud mental de chicos y chicas.

El aumento de la cantidad de horas en la red podría impactar negativamente sobre características de nuestra personalidad como la autoestima, la amabilidad, la conciencia, la apertura a las experiencias y la estabilidad emocional, que son nucleares para nuestro adecuado desempeño e interacciones sociales. Por último, y quizás debido a ello, no debe perderse de vista la merma de la calidad de vida y la percepción de felicidad que se asocia a un consumo problemático de Internet.

¡Feliz semana!

Boris C. Rodríguez-Martín PhD

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