Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
Si un niño pequeño pidiera dinero para apostar en un casino, seguramente la mayoría de los padres diría que no y se alarmarían por todo lo que implica la solicitud. Sin embargo, no ocurre lo mismo si se trata de adquirir una loot box en un videojuego.
Los juegos más “adictivos” son diseñados por equipos de profesionales que usualmente trabajan para multinacionales. Las loot boxes (cajas de recompensa, premio o botín) resultan un ejemplo muy didáctico para explicar el camino que puede conducir a muchos adolescentes y jóvenes desde los videojuegos hasta la ludopatía.
Algunos gobiernos llevan tiempo preocupados con este tema y algunos las han prohibido o lanzado acciones legales contra determinadas prácticas de ciertos videojuegos muy populares. Es tan adictivo el sistema que hay casos de niños que han gastado 1000 o 3000 euros comprando estos “billetes de lotería”.
Una loot box no es más que un sistema de premios o recompensas presentes en muchos videojuegos. Una sola de estas cajas puede contener numerosas recompensas. El valor de una recompensa va a depender de la probabilidad que tenga de aparecer o la frecuencia con la que lo haga. Por tanto, se las suele clasificar en comunes, raras, épicas o legendarias. Hay dos formas de obtener estas recompensas: 1) jugando y/o 2) pagando.
Entendemos que el objetivo de cualquier empresa es diseñar un producto atractivo. No se trata de una conspiración para generar dependencia en los jóvenes; pero cómo ha quedado patente después de ver las noticias sobre los algoritmos de Facebook, quizás la obtención de ganancias haga a muchas empresas mirar hacia otro lado. No olvidemos que con este sistema de loot boxes el videojuego FIFA recaudó 800 millones de dólares y Overwatch 1000, solo en 2017.
