Artículo revisado y actualizado en septiembre de 2026
Las razones que se exponen a continuación no provienen de una revisión científica, sino de las vivencias de una persona en recuperación con gran conocimiento del tema:
“Pienso que no se trata solo de enseñar alguna técnica pictórica sino de seguir el proceso de cada adicto que a través de la pintura […] Es verdaderamente interesante cómo esa cabeza encuentra ahí un lugar donde se sienta ‘en casa’, donde se sienta en ese estado ‘presente’ […] ¡NO PENSAR Y SENTIRSE EN PAZ!”.
“Pude observar que mediante iba avanzando en mi recuperación, no solo cambiaba mi paleta de colores, cada vez más enriquecedora y variada, sino en la forma de interpretar cada lienzo, cada retrato, cada idea. De igual forma, mi cabeza interpretaba y sentía cada situación, cada emoción, cada pensamiento y cada prueba. Todo iba cambiando y se iba transformado a la vez”.
“Es como si mi proceso se pudiera enseñar a través de la pintura. Por ejemplo, mi cabeza, cuando llegaba a una sala llena de adictos era la más vaga del mundo y se reflejaba en mi forma de pintar. En mis cuadros de consumo había pocos colores y los terminaba muy rápidamente […] Al mismo tiempo, mientras más asistía a los grupos de terapia, comencé a ejercitar mi mente, a cambiar mis hábitos, a dar mis primeros pasos que poco a poco se iban reflejando en mi forma de pintar.
“De verdad que fue como si una mano me cogiera el pincel. ¡Qué fuerza tan brutal debe tener el arte, que es capaz de hacer que la cabeza de un adicto se pare mientras pinta, mientras CREA! […] El arte sana, ordena y protege”.
